17 noviembre 2009

Love Love Love

Amo con toda mi alma las papelerías.

Pocas cosas me hacen más felíz que recorrer decenas de anaqueles con cuadernos, cuadernitos, cuadernolas, lápices, lapiceras, colores, pinturas... Me resulta imposible entrar y comprar algo (aunque sea una caja de grafos) sin recorrer todo.
Y jamás tenés que preocuparte porque pasen de moda o no haya tu talle.

Cuadernos lisos, rayados, doble raya, cuadriculados, centimetrados, milimetrados, con índice, sin índice, con colores, sin colores, con dibujitos en los márgenes o con espacio para garabatear o sin márgen. Con tapas serias y respetables, o loquitas y entretenidas.
Hojas de garbanzo, hojas caballito, A4, oficio, 1/2 wattman, post-it-s de colores fluo. Todos ordenaditos por finalidad, tamaño o color.

Cinta adhesiva, cinta engomada (maldita), cinta de papel, cinta de regalos.

Marcadores de pizarrón, permanentes, marcadores chiquititos, de punta fina, de punta gruesa, para escribir o para resaltar en miles de colores.

Lápices y grafos del color y consistencia que se desee. Desde uno verde veronés acuarelable a uno 8B.

Comprarme una lapicera es una aventura. Todo puede suceder. Podría pasarme horas eligiendo la lapicera perfecta, porque lo que quisiera es llevarlas todas.
Con gel o con tinta, trazo fino o trazo grueso, con capuchón o retráctiles, hasta tengo una waterproof. Cada una tiene una finalidad específica, por supuesto.
Las de colores para subrayar, recuadrar o hacer dibujitos. La violeta para el cuaderno del laboratorio. La negra para llenar las hojas de parcial. La otra negra para hacer los ejercicios del parcial. La negra para sacar apuntes. Después están las infaltables bic. La bic azul de acá a la china. La bic verde hace tiempo que no la veo, y me hace acordar a mi maestra de segundo. La temida bic roja que usaban los profesores del liceo para corregir los escritos. También están las bic de colores más exóticos, como rosado y violeta.

Así mismo me merecen muchísimo respeto las personas que escriben con plumas. Siento que son personas suspendidas en el tiempo, con una paciencia infinita. Parece que todo lo que se escribe con pluma cobrara una relevancia especial, propia de algo pensado y hecho sin prisa pero sin pausa.


Como si fuera poco, estamos en la época del año en que florecen las agendas, que cosa más hermosa. Si fuera por mi, trabajaría en una agendería (lugar donde se venden agendas) pero eso es otra historia que les contaré en la semana-de-elegir-la-agenda (10 al 17 de diciembre).

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